LA TRAMPA


No me vais a creer si os digo que estoy muerto, que todo se torció, que quise matarla, estrangularla con mis propias manos, partirle el cuello a esa zorra. ¡No! No me vais a creer porque no estabais allí. 
No estabais junto a la casa…
…junto a la ventana, observando cada uno de sus movimientos. Observando cómo se movía de un lado a otro con esa lencería que se clavaba en mis retinas. No, no habéis visto su pelo bailar, ni los lunares de su espalda cuando se desnudaba para ducharse. No, no eráis vosotros los que admirabais su rosto por las noches, los que acariciabais su brazo dormido, los que os acercabais a respirar de su respirar. Cada noche. 
Vosotros no veíais su lindo rostro apoyado en la almohada. No os escondíais tras la puerta cuando parecía que iba a despertar. 
¡No! No tenéis ni idea.
No, nunca sabréis lo que es acariciar sus labios somnolientos y beber de sus vasos para sentir algo parecido a un beso. No sabéis lo que es estar allí, mirando como duerme, contemplando su cuerpo dando vueltas, su piel estremecerse, sus párpados temblar. Y que una pesadilla le despierte y salir corriendo sigilosamente.
Pero una noche todo cambió.
Yo estaba dentro, a oscuras, recorriendo la casa que ya sabía de memoria, mirando las fotos.
Cuando de repente entró. Pero no iba sola. Había tenido la desfachatez de traer a otro hombre. Quise pensar que era un amigo. Se sirvieron una copa y empezaron a hablar en el sofá. 
Hablando de mí.  

ELLA
- He conocido a un hombre. Es tan atento. Tan paciente. Mientras duermo, recoge los platos sucios, me arropa si tengo frío, me acaricia cuando tengo pesadillas para que me calme. Y limpia el polvo de mis muebles. Pero lo cierto es que, no ha sabido comprender lo que necesito. Siempre está ahí, como un fantasma, nunca me besa, nunca me hace sentir viva. Me siento como una muñeca inerte a la que peina y con la que juega. Y, ¿sabes qué? Yo necesito pasión. Sentir vértigo, dejarme llevar de vez en cuando. Y por eso quiero que follemos esta noche, tú y yo, amigo.
ÉL
- ¿Tú y yo? ¿Y él?
ELLA
- Él no existe, no existe para nadie, es un fantasma, un espía. Un ser sin ser. Pero dejemos de hablar.

No, no estabais allí, no visteis cómo esos hijos de puta marchaban a la habitación. Pero yo, no podía dejar esa copa sin terminar, tenía que sentir sus labios antes de matarla. A ella y a ese cabrón al que podía oír arrebatándomela.
Me acerqué lentamente por el pasillo, sus gemidos penetrantes se clavaban como cuchillos, y entonces encontré la lencería en el suelo. No había vuelta atrás. Tenía que matarles. Así que cogí el brallete y pensé en ahogarlos con él. Estrangularles lentamente. Ver cómo sus lindos ojos se teñían de rojo, cómo su aliento cesaba, como se iba haciendo poco a poco solamente mía.
Pero la oí gritar, y el corazón me empezó a latir tan rápido, tan fuerte, que parecía empujarme dentro de la habitación. BUM BUM BUM BUM. La sangre recorría mis venas de pies a cabeza en tan solo segundos. Y en mis oídos no dejaba de sonar ese gemido, ese grito, esos jadeos faltos de respeto. BUM BUM BUM BUM. No podía más. ¡No! ¡No! No estabais allí para sentirlo, para oírles apuñalándome tan concienzudamente.
Así que entré, y fue así como acabé muerto.

Iván de la Torre

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