¿Para qué?

¿Para qué?
Para qué me curé, para qué afronté un problema y puse un parche a una rueda que además de un gran pinchazo, hace tiempo que dejó de tener dibujo. Hace tiempo que agoté la goma en un camino anticipado.
¿para qué?
Para qué seguir viviendo si es la vida aquello que me está matando. Si llevo años escuchando el crujir de besos que no doy, el testimonio de actos que no cometo. Si no me veo involucrado en todo ello. Si es más la curiosidad que el querer hacerlo. Si es más la poesía, la metáfora, la presión social, la normalidad que cualquier otro sentimiento.
Si desear que me traspase el alma en un suspiro de su boca no es más que un golpe de imaginación falto de expectativas.
¿Para qué?
Para que buscar la oportunidad a algo que en el fondo no quiero encontrar.
Si lo único que quiero es no sentirme diferente, no sentirme aislado, evitar que se me parta el alma a cada segundo. Que mire donde mire siempre hay besos. Siempre hay polvos. Siempre hay amantes que follan para darle sentido a dos vidas que parece que no son nada despegadas.
¿Para qué?
Yo ya no quiero vivir.
No quiero caminar entre una sociedad llena de químicos explosivos, corrosivos, nocivos, y dañinos para alguien como yo, que no ha generado tolerancia.
Soy el niño raro, el androide con circuitería biológica, la especie en evolución, el hibrido de su experiencia.
¿Para qué? Molestarse en cambiar un mundo más preocupado de cambiar las sábanas que su genética.
Ojalá ser normal. Ser como vosotres. Pero no.
Soy el prototipo fallado de algo que nos queda grande.
El vaso que sólo puede llenarse a la mitad.
El embalse hecho arena movediza.
Soy el asteroide que da vueltas hacia ninguna parte. Basura flotante.
A la que de vez en cuando se le presta un algo de atención.
Soy el fin esperando un mundo que devastar.
La estrella que implosiona para empezar a ser, de nuevo, alguna otra cosa.

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