Cuando un alma muere

Alguien se ha preguntado alguna vez cómo se te queda el alma cuando el alma del que te enamoraste murió, y dejó en su cuerpo otra que ni mejor ni peor, distinta es. Otra de la que jamás podrías enamorarte. Un alma a la que se le tiene miedo. Un alma tan poderosa que ni todos los sentimientos juntos podrían entenderla. Eso es lo que es ella. Después del cambio. 
Me enamoré de sus ojillos llenos de inocencia, de su mente vacía de preguntas, y de respuestas, de su cuerpo, limpio. De esa mirada que no podría ni describir pues me arrebataba el alma, me hacía sentir ajeno al universo que no fuera otro que sus lindos ojos. 
Pero ahora. ¿Qué fue de ese amor? ¿En qué se ha convertido? ¿En miedo? En mirar a alguien que no conozco, alguien que me da miedo, que tiene el poder de asesinarme en sus ojos, de hacerme vivir. 
La necesito. No sé por qué, ni cuáles son mis sentimientos, pero son, están, y no parece que vayan a marcharse. Ha sido tan importante para mí que no quiero perderla. Aunque ya no sea la misma. Aunque la mire y no la reconozca, si es que llegué a conocerla. 
Es la mejor persona que he conocido en toda mi vida, ambas almas. 
Ya perdí a una por cobarde. Y no he de encerrarme a llorar por lo que no fue. 
He de mirar a delante, a sus nuevas miradas, a su nueva forma de pensar, de actuar, de ser, y demostrarle que quiero, y pienso, quedarme todos los días de nuestras vidas. Y eso implica no joderla. 
He de conseguir que deje de mandar en mí. Aunque siga mandando en nosotros por nuestro bien. Pues quién mejor que ella. Que es todo. Para hacer funcionar algo. 
Respecto a la pregunta que comienza el texto… 
¡A quién coño le importa! Si el pasado es una puerta que se cierra, para abrir con su corriente otra nueva en la que avanzar 

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