Prólogo

Quiero escribir de ti y de lo mucho que te amo. Pero, amor.
El cielo comenzó a nublarse desde que marchaste.
Perdió su azul, se tiñó de gris, tan monótono.
Los vientos cesaron y se acabó la tormenta que envolvía tu cabello en infiernos.
Pasear por tu cuerpo se convirtió en la rutina de otro.
Comerte el coño, dejó de ser un sueño
porque ahora todos me saben a pesadilla
desde que no es mi saliva
la que forma tu rocío.

Te volviste novia,
cadáver.
Historia,
perdida.

Un puto examen fallido,
en blanco,
que no supe ni leer,
en que no pude escribir
ni mi nombre
porque ya llevaba otro.

Quiero leer de ti y de tanto que me odias.
Recorrer cada verso
entonando lento, pausado,
con respeto, con tacto,
como si te estuviera follando,
como si me estuvieras amando
por una vez en tu vida.

Que la poesía nos una, decías.
Fóllame en prosa entonces,
tú y yo nunca rimamos,
ni arrimamos tinta,
ni pintamos vida.

Fuimos un poema
pero distinta estrofa.
Y ahora que tú follas
y ahora que yo lloro.

Somos el prólogo
de un funeral.

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