II - Se acabó

Se acabó el amor.
Y la ternura.
Se terminó la risa
y la calma.
Quiero recorrerte los lunares
a besos,
y morderte los huesos
a dentelladas.
Quiero tirarte sobre la cama
y bajarte las bragas.
Quiero azotarte las nalgas
y lamerte el ano.
Quiero frotar tu clítoris
y penetrar ambos.
Quiero ahogarte en gemidos
llenos del tacto
de mis manos
por tus pechos.
Quiero que muevas el vientre
encima de mi pene
y que saltes tan fuerte
que nos partamos hasta el alma.
Quiero chuparte la lengua
y la sonrisa.
Y es que para mi tu ombligo
es un oasis donde perderme.
Quiero comprobar tus constantes
con mis labios traviesos
constantemente
hasta que el verso
termine por correrse
en nuestros cuerpos.
Se acabó ocultar
que te deseo.
Que quiero follarte
hasta que el eco
se quede mudo.
Quiero vernos desnudos
y abrazados.
Quiero trazar con mis dedos
todas tus curvas
y ver que disfrutas
cuando arranque tus clavículas
de un bocado.
Se acabó la paz y la guerra.
Quiero hacer tu cuerpo una trinchera
donde perecer de orgasmos.
Y colgar en tus pezones mil banderas
empapadas en sudor.
Quiero hacerte el amor
por todas partes.
Conquistar tus paladares
y tus poros.
Llegarte al músculo
y al alma
y que cada segundo
te recuerde a la manta
que será mi cuerpo
envolviendo al tuyo.
Quiero cometer
y acometer
incursiones entre tus muslos.
Y que me quieras despacio
y contínuo.
Se acabó el vacío
que es verte,
tocarte
y que la tela
se interponga entre mis ganas.
Quiero enseñar a la edad
que no sirve para nada.
Y que la necesidad
está ligada
al deseo de una piel
que no hace más que brillar
frente a mis ojos ciegos.
Quiero atajar mis miedos
por tu fino cuerpo.
Y sembrar en él el cielo
que nos prometimos.
Quiero comerte sentidos
que aún tienes dormidos,
quiero despertar latidos
y cumplir mil sueños.
Se acabó la pesadilla
de mirarte
olerte,
sentirte,
pensarte,
soñarte,
adorarte,
escribirte,
oirte,
y dolerme por si
tu valentía llega antes
que mi poder de olvidarte.
Se acabó eso de mirarte,
y cometer el error,
el delito,
el castigo,
que me hace odiarme
por no estar contigo
cuando me agoto
imaginando el polvo
en que acabo convertido.

No me duelen sus intentos
sino no formar parte
de los tuyos.

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