He aprendido a quererme.
Con todos mis efectos.
He aprendido a adorar
cada pelo de mi cuerpo
y a dejar caer aquellos
que no aceptan mis cambios.
He aprendido a amar
cada cicatriz,
a dejar de actuar
para un público
que no tolera verme feliz.
He aprendido a vivir
con sonrisas de tristeza
ante un universo en prosa
que no sabe rimar
analfabeto de su destreza
en su desigual maleza.
He aprendido a verme
tal como soy
sin importar lo que sueño,
a no tener más dueño
que yo mismo
y más abismo
que el pequeño
pero inmenso
reflejo de mis ojos
donde inmerso
en versos desnudos
lloran mis muros
y gritan mis mudos
sentimientos de incomprensión.
He aprendido a ser libre
gracias a cada mirada
que armada de inconformismo
disparas tan sólo un segundo,
ese pequeño instante
en que me observas
y no veo más Amada que tú,
armando mi rebeldía
amando mi prudencia
y gritando a mi paciencia
que se moría
por hacerte la heroína
de esta adicción a mi misma.
He aprendido a todo, solo,
pero lo vi reflejado en tus ojos,
y fue entonces cuando lo supe.

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