Miro

Miro al cielo que, por una vez, no eres tú, y, en ese impulso en que me veo tentado a volar no puedo sino imaginar un mundo en que el viento que me golpea es la caricia ajena de una alma que no se cansa de verme sonreír.

Miro al cielo y pienso en los recuerdos que pasaron como el último autobús, perdido. Tumbado en el vacío de una piel que se desgasta en el roce contra si misma en los días en que no me apetece vivir.

Miro al suelo lleno de primaveras muertas mientras el frío penetra por los huecos de mi chaqueta negra, como esa mirada cuando la veo a contraluz.

Miro al inmenso desierto buscando el oasis de tu cintura y se hace eterna la búsqueda y se hace infinita la espera y mi esperanza se caduca como esas flores ocultas en los cajones de mi habitación.

Miro a las nubes donde he jugado a imaginarte, por si el destino me guiaba a alguna parte donde pudiera encontrarme con tu boca, rota, por mis ganas refrenadas a un volantazo de descarrilar.

Miro a la vida con la risa almacenada en el recuerdo y me acojonan los misterios que dejaste en las calles de esta ciudad tan pequeña como vos.

Miro a la condensación de la ventana mientras dibujo corazones menos frágiles que los nuestros, y veo en mi pasado a todos los muertos que he dejado acumulándose a mis espaldas.

Miro a la nada sin pensar más que en las dudas que nos separan y los avismos donde perdimos la mortalidad, en este espejismo de poesías.

Miro al recuerdo donde muerdo tu boca, beso tus párpados y decoro tus pupilas con un blanco, profundo, puro, preparado para una historia que de verdad merezca la tinta, el papel, y el estreno.

Miro al cielo que, otra vez, he vuelto a intentar que no fueras tú.

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