Escribo

Esta vez, intentaré escribir algo distinto, usaré mis instintos y dejaré lo bonito para cuando aparezcas. Esta vez voy a hacer que te parezcas a lo que escribes en tus momentos más adulteros.
Esta vez. Voy a serte sincero saliendo de esta trinchera de temor a la oscura realidad. 

Sueño contigo, si, sueño contigo incluso con los ojos abiertos, sueño que te toco, que te beso, que te abrazo, que te muerdo, sueño y es más bien pensar pues lo hago consciente de que está mal y aún así me excita pensar en lo que me está doliendo escribir. 
Pero pienso, si, pienso en morderte la barbilla, estirar de tus labios, esos tan rojos, esos tan carnosos, esos, que tienes, con mis dientes hasta hacerte sangre y que me sepa más dulce el beso. 
Pienso en besarte la nariz para que parezca tierno mientras deslizo mis manos por tu espalda y se me empalma sin haber llegado a tus nalgas, pero con ese ombligo no me hacen falta perversiones. 
Pienso si, pienso en tus pechos casi más que en el parpadeo de mis ojos cuando estoy muerto de sueño y no tengo tus huesos como colchón, sobre el colchón, en lugar de la almohada. 
Pienso en bajar por tu cuello y llenarlo de esos besos que tanto has pedido, aunque sea a otro, pienso en deshacerme de esa camiseta negra que hace bien en cubrirte las costillas, pero, que aquí, sobra. 
Pienso en tus pechos y me estallan las neuronas en el intento de hacerlos reales, en el intento de crearlos para que pueda seguir besándote.
Para que pueda jugar con ellos sin saber, para que pueda eliminar la tentación que reside en este cuerpo que finge ser fuerte y se derriba cuando te ve, vestida, y falsamente inocente. 
Y sigo pensando en dónde andarán mis manos tras esta batida por tus hombros, tras morderte el antebrazo a lo crepúsculo y girarte para poder seguir en tus glúteos que, espero, estén generando los movimientos sísmicos que sufren estas neuronas incapaces de controlarse.
Pienso en tu pelvis, si, pienso en abrirte las piernas y llenarlo todo de besos, pienso en llevarte al éxtasis sin más transporte que mi lengua húmeda, sin más marea que la tuya pues, no es tan idiota pensar que te corres en mi cara mientras cantas cualquier balada que posiblemente no entienda. 
Pienso en tu mirada abandonada y triste, pienso en vestirte como a una muñeca de cristal, pienso en limpiar tanto desastre, pienso en el desgaste que he tenido que hacer para pensar, que esto, no es horrible. 
Pienso en decirte que ya no sé cómo llegarte al alma, pero esta situación me mata. 
Pienso en morir pero, pienso tanto en vivir a tu lado que, todo pensamiento en el que no estés tú es tan en vano que, pienso que fallamos sea cual sea el pensamiento. 
Pienso en besarte las mejillas, mecer tu pelo, ponerte el abrigo y decirte, que lo más lejos que me atrevo a llegar es al mármol de ese portal donde en más de una vez te he abandonado.  
Esta vez, he escrito tan sincero que ya huelo el acero de los barrotes, que ya siento el ruido de los grilletes al cerrarse en mis muñecas, que ya saboreo la química que, seguramente sin éxito, me haga dejar de pensar que existen momentos que no existirán. Como este donde me matas. 
Escribo lo que pienso porque es lo menos malo de todo lo malo que podría hacer contigo en mi memoria. Escribo y aún así puedo sentir el asco que me doy por estar siquiera imaginándolo.   

Confesiones hechas, ahora espero, mi sentencia.


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