Pensaba

Pensaba que te quería,
pero no.
Sólo eras la parte importante
de algo sin importancia.
Sólo eres el juguete
del que uno nunca se cansa
pero que cuando crece,
le recuerda a la nostalgia
de una felicidad que ya,
no volverá.
Pensaba que te amaba,
pero era sólo poesía,
fue sólo el hueco vacío
que necesitaba pensar
que podría ser ocupado
por tu boca, tus huesos,
tu milagros.
Pensaba que quería
una vida contigo,
pero sólo disfrazaba
el temor al diluvio
en un cuerpo que entendí
como desierto.
Pensaba que era incierto
todo ese ardor de mi pecho
y de mis instintos,
pero ya no distingo
qué hay de amor,
y qué de deseo,
y espero que por amor
llegue a olvidarte algún día.
Pensaba que quería
protegerte del daño,
pero, cada instante,
pienso más en atarte
a los muelles de mi cama,
desnudarte, a tirones,
y recorrer con el filo de mis labios
todos lo poros, intactos,
de una piel sin protecciones.
Pensaba que quería entregarte el cielo,
y quiero, arrebatarte las nubes.
Y jugar con su algodón
entre suspiros de placer
y chasquidos de dolor.
Pensaba que quería besarte
y lo que ansío es morderte.
Pensaba que quería aliviarte
y lo que quiero es incitarte
al desastre permanente.
Que camines de mi mano
por todos los acantilados
precipicio del gemido
que da miedo liberar.
Pensaba que te amaba
como se aman los chiquillos
que no saben de latex,
y ahora, que lo sabes,
no espero que te entregues,
a los acordes apresados
de mis deseos malvados
de amarrarte a mi cuerpo
y fundirnos en universos
que forman estrellas
con embestidas de silencio.
Pensaba que era atracción
pero lo que me atrae,
es poder montarnos
cualquiera de las fantasías
sin que ninguno de los dos
quiera bajarse.

Y es que, a ti,
musa de lo sorprendente,
te quiero con el estómago,
porque quiero comerte,
la boca,
el cuello,
el pecho,
el ombligo
y también
el resto.
Pensaba que todo esto
era un juego de palabras,
un hechizo,
magia.
Pero lo cierto es que
pensaba abrazarte
y no soltarte nunca
desde el primer día que te vi.
Pensaba que te amaba
con el corazón,
y lo cierto
es que es mi cerebro
el que no para de soñarte
en todos los latidos
en que no tengo tu sangre
corriendo por mi vientre.
En que no estoy escuchándote
cantar góspel entre gemido y gemido
en este estallido sometido
a nuestras ganas de sufrir con el placer
de un amor ciego,
y por supuesto literario.
Pensaba quererte más allá del verso.
Y ahora pienso en amarte más allá del amor.
Pensaba que algún día
los abrazos prescindiesen de la ropa,
y nosotros obviaríamos la edad.
Pensaba en la posibilidad de hacer
del sustantivo una bestia encarnada.

Pensaba…
que bobo.

Como si tú pensases en mi
cuando te tocas,
y no cuando me toca,
leer como tu boca,
es robada por otro,
que ni siquiera existe.


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