Otra pesadilla más

Otra pesadilla contigo. Joder. Que orgasmos.
Sin saber porque me estabas esperando con las piernas abiertas y el coño desnudo.
Decías “empieza” mirándome con esa cara de sádica y esa mirada de vamos a comernos el mundo pero empieza por mi coño. Y claro. ¿Cómo se dice que no a un paisaje tan hermoso?
Empecé a lamer como quien se tira de cabeza al agua sin comprobar su temperatura, y tras el tercer o cuarto lametazo profundo sentí en la boca un sabor amargo, ácido, asqueroso así que disimuladamente te besé el ombligo, jugué con tu lengua en un beso de esos de lo más porno y te introduje los dedos. Te estimulé el clítoris con tal bagaje que era imposible que no te corrieras, y así pasó, encharcaste toda la cama tras ese, “joder, dilatame más” como si fuera yo el dueño de tu propio cuerpo.
El resto una búsqueda de posiciones, yo tumbado boca abajo entre tus piernas a embestidas tiernas e introductorias, besándote la boca de lo más dulce. Cambiamos, ahora tú encima cabalgando lento, con unos movimientos de caderas y vientre que por poco llego. Y este no estaba en el sueño pero te gusta tanto el perrito que cómo no meterlo. Como no premiarme de ver tu ano pese a estar bombeando tu vagina rosada y de lo más sabia. Que nalgas que piernas que espalda. Joder, amiga, eres perfecta. Ahora entiendo que lo nuestro era sólo sexo. Y que bien se te da. Querida Ana.

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