Déjame

Déjame ser tu perro.
Déjame ser tu esclavo.
Déjame ser el candidato
a componer tus versos.
Déjame ser el ciego
que sólo ve por ti.
Déjame ser el clérigo
de la religión monoteísta
de tu piel.
Déjame ser sueño.
Déjame ser amanecer.
Déjame empezar el texto
que nos unirá de nuevo.
Déjame contarte un secreto
que contarte no puedo.
Déjame decirte que’l te quiero
en realidad era un márchate.

Márchate a por las maletas
y múdate delante de mi.
Márchate a parar la guerra
que en mi pecho se debate.
Márchate a curar enfermos
que se enamoraron de ti.
Pero yo primero.
O no. Mejor último.
Así podrás quedarte
conmigo, para siempre.

Déjame marchar
al lugar donde nuestra amistad
no deje cabida al miedo
del amor ametrallado
por el fuego del silencio.
Déjame buscar el hueco
y déjame quedarme
a llenarlo de versos.

Déjame
Amar en secreto.

Déjame hasta el infinito
que supone escribirte
la última estrofa
en el filo de tu boca.

Déjame de tonterías
y guarradas y dime,
si no hay nada
que no quisieras
llevar a la realidad.

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