Cinco y medio

Tengo para tu piel cinco poemas y medio que rugen pidiendo el fuego que desprenden los puntos punzantes de tu pecho cuando los muerdo con mis labios, sin miedo. Tengo veinte versos esperando ser escritos en el largo de tu cuello. Tengo la estrofa más peligrosa contenida bajo el ombligo y muero por descubrir si hay cabello en eso que nunca me has descrito.
Tengo ganas de arrancarte el vestido y dejarte desnuda para mis ojos. Y mis instintos. Y eso de darte besitos por la espalada es todo un mito que no pienso revivir.
Porque amor. Esta vez te relato un polvo tan violento que ni te corres por temer al vértigo.
Esta vez nos quiero de pie, subida a caballito en mis hombros pero mirando en distinta dirección. Que seas tú la que guarde el equilibrio mientras mi boca te reta a perderlo.
Tengo para ti el reto de burlarnos del kamasutra follando en todas las camas que no sean la tuya.
Y hacer de la cama cualquier instante donde pueda tener tu entrepierna apresando mi lengua gamberra.
Tengo quince posturas pensadas para hacerte sudar y romperte la vaina.
Quiero que grites como si una embestida corta y acelerada no te gustara lo más mínimo.
Y si te corres te castigo con un par de azotes desmedidos y dos mil un mordiscos por todo tu cuerpo hasta que no quede ni hueso.
Tengo para ti mil novecientos noventa y cinco orgasmos perdidos en una indecisión que aún es pronto para que decidas.
Tengo unas ganas de contar contigo el número de dedos que quieres que formen parte de tus acordes.
Tengo por sueño convertirte en el mástil de una guitarra que sepa tocar. Con tu piel de madera y tus orgasmos acústicos que por los oídos entran y salen por otro sitio.
Tengo un trapecio sexual oxidado en la planta de reciclaje de mis perversiones.
Tengo intentos de comerte la boca acobardados al otro lado del mensaje de despedida.
Tengo unas ganas de masturbarnos que ni imaginas.
De que te derritas entre mis manos y haga de tu vagina una escultura de cera fiel a mis dedos.
Tengo cuentos guarros para que nunca abandones mi párrafo por el de otros.
Y si son catorce y poco las palabras que lo componen pues ya sabremos para cuantas historias nos dan. Que para eso somos escritores. Vivimos con poco. Sólo hace falta un buen verso, una poesía de infarto y una piel donde rimar todas las caricias que nos inspire nuestro respirar más agitado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario