Todita

Te quiero.
O eso creo.
O eso debo
creer.
Pero no puedo.
Temo,
que mirarte,
me mate.
Te amo.
O eso pretendo.
Es tan dudoso
este sentimiento
irremediable.
No lo conozco,
no lo sentí nunca.
Cosquillas en mi nuca
cuando te veo.
Cuando sonríes
mi corazón se acelera.
Y se para.
Al mismo tiempo.
Cuando lloras
se hace la calma,
y la guerra
corre por mis venas.
Te siento.
Sin sentirte.
Te quiero,
sin querer,
queriendo te.
Te amo
es expresión
dañina,
tan necesaria.
Tan contenida.
Te amo
te amo
te amo.
Te quiero
te quiero
te miento
cuando pienso
en ti y te digo
que sólo es amor.
Y es amor,
pero del otro.
Y hago poesía.
Y escribo.
Y sueño todo
lo que ansío
cometer en tu piel.
Y te miro
en cada foto
y me enamoro
cada vez.
Y me estás
volviendo
loco.
No sé qué hacer.
No sé qué creer.
Tengo miedo.
Y sé que aquí
quien manda,
decide,
y concede,
eres tú.
Y es improbable,
irrealista
y un sueño
pesadilla
que tú,
envíes ese acuse
de recibo
afirmativo.
Te deseo.
Esta es nueva.
Otro motivo más
para apretar la cuerda
de mi soga.
Y qué hago.
Si trajiste el verano
a mi invierno
y ahora este infierno
quién lo calma.
Yo que era de abrigos
ante el frío
y ahora soy de ti
frente al calor.
Te quiero.
Te amo.
Y no sé todavía
cuánto es cierto.
Cuánto es acto.
Cuánto es apto.
Cuánto se dañó
aquel mi cerebro
desde “afrodita suspirada”
y mi amor a primer poema.
Mira, siendo sincero,
lo único que sé,
es que tú. Todita.
Eres en mi vida
algo tan importante
como para jugarme
la cárcel
el hospital
y el cementerio.
Te _________
pon tú el verso,
yo sólo espero
a ti, y eso,
si es poesía.

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