Dime

Dime que tus ojos no son lo que mi cuerpo pide.
Dime, de una vez por todas,
si no es tu boca
lo que desea mi poesía.
Dime que esto no es la gota
que mi vaso colma.
Dime que soy el idiota
que tanto amas, entre versos.
Dime algo, que tengo miedo
a este silencio que me envuelve.
Dime que no es tu nariz
la que quiero rozar con la mía.
Que no es tu barbilla la que quiero morder
en el estallido más incontrolable del orgasmo.
Que no es tu cuello, largo,
el que quiero recorrer a besos.
Que todo esto es el deseo adolescente
de un adolescente pasado de fecha.
Dime que no es tu pecho
el lugar donde quiero
escribir todos los versos
que aquí no tienen cabida,
ni sentido.
Dime que no es tu mejilla
la que quiero acariciar con mis manos.
Que no es tu cabello
del que quiero agarrarme
cuando despegue el éxtasis.
Dime que no es tu piel
el mejor lugar para escribir
en las noches donde ni la tinta ni el papel
pueden remplazar a los dedos de una mano
que traviesa, lenta y delicada
conquista toda tu espalda.
Dime que no es tu vientre
mi lugar favorito.
Y que tampoco es tu ombligo
lo último en que pienso al acostarme.
Dime, que todo esto, es solo humo.
Que me lo invento, que no te quiero.
Que estoy enfermo, que muerdo
además de ladrar y molestar al vecindario.
Dime que soy un sabueso
buscando tus huesos.
Dime que no has pensado,
ni si quiera un segundo,
en la posibilidad.
Dime, que, tal vez,
sólo nos quede el ruido
del silencio
que deja
la distancia,
la edad,
que nos falta.

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