Después de ti

Las 0:38 de un jueves cualquiera.
Con los ojos húmedos por la rabia, mordiendo la almohada, no de placer, de miedo.
El miedo que tengo a quererte, te quiero.
El miedo que siento, que he sentido hace unos segundos cuando te leía y sabía que ese polvazo que narrabas no era nuestro.
Son las 0:42 y sigo pensando en ti, como cada puto minuto, tengo la foto de tu ombligo en el interior de mis párpados, no puedo cerrar los ojos y no acordarme de ti.
Empieza mi taquicardia. Mi respiración intensa. Parece un orgasmo triste. Como echándote de menos.
Las 0:44 y me he sentado en la cama. Pienso en tu pecho. Me enamora. Es tan escueto que me llama y me jode no poder dar respuesta a sus latidos. Por no hablar de ese ombligo que coloniza mi insomnio, lo quiero. Quiero ser el protagonista de tus relatos más sórdidos.
Tengo miedo.
Pero qué hay de malo si de los dos eres vos quien escribe más humano.
Me doy lástima. No era yo quien te inspiraba. En cambio a mi, me cuesta encontrar otra musa que no seas tú.
0:49 y sigo rabioso como un perro, me doy asco, estoy enfermo, no te quiero.
Eres el capricho más caro e insensato de un joven con la adolescencia tardía, rezagado del extasis de un coito inexistente. Me intento convencer. Te quiero.
Me ha jodido eso que he leído. Ahora quién coño se va a creer que estoy loco, si con mirarte tengo razones de sobra. Sólo para mi, que te idolatro, admiro y unos cuantos verbos de más y besos de menos.
Voy a cerrar los ojos, perderme en mi oscuridad y esperar al sueño,  que con suerte no estarás en él, y puede que mañana al despertar ya no me acuerde de ti, o al menos, hasta que vuelva a ver tu ombligo, tu boca, tu cuerpo, o tu alma, al otro lado de esta puta red de solitarios que presido.

Te quiero. ¿Acaso importa?
No. Pues eso. Me despido.
Con el alma rota
La mente en vilo
Y otra derrota.

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