UN BESO, YO SI SÉ QUÉ TE DIERA POR UN BESO

Recuerdo sus labios, inseparables de mi boca, amplios, gruesos, directos, decididos, emprendiendo una guerra contra los míos. Dejaban a mi alma sonriente, cálida, y fría al mismo tiempo, estallaba en un combinado de emociones entre amistad y calma, entre amor y caos. Un beso, ya lo dijo el grande, ''¡yo no sé qué te diera por un beso!'', pero ella me daba la vida, en ese instante, con esa mirada tan grande, enorme, tan oscura y abierta, clavada en mi, distraída. Breve, joder, y tan breve.
Ojalá volvieran las épocas en donde los mejores amigos se besaban en la boca sin importar lo idiota que resulta el mundo que te ve de lejos, preguntándose que habrá en los corazones nuestros.
Un beso, un mísero e importante beso, pido eso, sólo ese acto inocente y gratuito de dos bocas que hablando no dirían tanto. Una rebelde muestra de confianza, eso quiero.
Recuerdo sus labios, esta vez, en mis mejillas peludas, recuerdo que, la hacía cosquillas en los pies mientras la miraba allí, tan quieta, con esa cara de placer al notar mis dedos entre sus dedos, recorriendo cada curva de su pequeño apoyo deformado por los tacones, y sólo pensaba, ¡que mierda esto de la amistad, quiero comerme su cara y dejarme la mirada para después!
Recuerdo como me dolía acariciar sus muslos con la barrera puesta en el límite de la falda, sabiendo que ni quería ni podía conocer lo de debajo, pero joder, tanto bailar en su piel, tanto orgasmo mudo, tanto 'no pares que me gusta', pues… sí, las cosquillas están bien, pero esa zona la tenía reconocida más que de sobra, y ahora, lo que sobra en esta historia, es su triste, jodido y amistoso narrador.
Hasta otro beso, a no, que ya no hay. 

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