Hechas las presentaciones

Tengo un mensaje para todos vosotros.
Quedaros con vuestros premios literarios,
yo sé lo que es la poesía y vosotros no.
Yo he presenciado al menos cuatro entierros,
decenas de despedidas,
me he enamorado no sé cuantas veces,
y he sufrido más tiempo del que he reído.
¿Sabéis qué es la poesía?
Es amor, que no tengo.
Es dolor, el que poseo.
Es sentimiento, lo que cultivo.
Son recuerdos, que nunca olvido.
He escrito panegíricos
que han sido mi primer poema.
He descrito con versos
besos que nunca me he dado
y momentos que no ocurrieron.
He combatido mi miedo con palabras
porque las piernas me temblaban
demasiado cuando los tenia enfrente.
La poesía me ha salvado la vida,
conservado intacta mi mente,
fue la manera de escapar de mi muerte,
de huir de todo ese acoso, de la soledad
al no tenerte, amor, durmiendo conmigo.
Empiezo cada verso como si le hablara al mundo
sólo para sentir que alguien me escucha,
canto tirado en la cama
y sueño encerrado en la ducha
porque me gusta que mi pene
sea protagonista de una vida mejor
y no de una penosa voz
que oculto al universo con estas estrofas.
Por eso puede que mi talento os resulte escondido,
que mis trabajos sean inmaduros
pero os aseguro, que nadie ha sentido
la poesía tan dentro, como un fino hilo
que lo sujeta de caer al vacío,
como abrigo en invierno,
agua en el desierto,
y una estridente sirena en un secuestro.
Una traza de esperanza ante una puta pesadilla,
un predictor negativo en plena adolescencia.
La poesía es mi jodido mundo, mi universo
de historias paralelas.
Por eso no merezco ningún premio vuestro,
porque si yo no tengo talento,
vosotros, los jueces,
carecéis de invitación a mis palabras.



Una vez perdí un certamen literario y me dejó jodido un par de días. Era mi primera vez, y supongo que en las primeras veces siempre se pierden cosas… supongo, yo no lo sé… lo importante son las siguientes. Aquellas en las que demostramos que aprendemos de los errores, que las cosas se hacen con calma, dilatamos el tiempo y llevamos el extremo al límite hasta que el placer nos sobrepasa. Cuando no gané me sentí tan decepcionado, tanto como si la poesía y yo no hubiésemos sincronizado nuestros… pasos y ella se hubiera marchado a los brazos expertos de otro. Pero con el poema de hoy, no sólo la demuestro que no soy un poema penoso e inmaduro, sino un puñado de ellos entre los cuales, puede que haya uno con el que ni siquiera alcanza a soñar, y sea ese el que la haga no separarse de mi. 
Todos somos más de lo que damos, de lo que ven, de lo que estamos dispuestos a perder, ya sea la sangre, la vergüenza, la envidia o la vi… da. Todos somos la poesía, perdida, de alguien. 
Pues lo mejor es lo que se crea cuando no tienes donde apuntar, y se pierde en el olvido del ojalá. 

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