Miradas

Mirar su cuerpo es rozar el cielo,
es como saltar en parapente
y llenarlo de agujeros,
es estrellarse entre su pelo
y el estrecho de sus pies,
escribir en su blanca piel
todos los juegos
que a mi mente
se aproximan trasparentes
y llenos de fuego,
y queman,
y alteran todo mi orden
haciendo de la entropía un hogar
donde imaginar su cabello
y no poder mecerlo
y sin merecerlo
marcharme a dormir y soñar
con unos labios de sal
que erupcionan mis heridas
y aumentan mis pesadillas.

Y entonces eres tú,
o soy yo quien por mirarte
acaba jugándose la vida,
y todo por una niña
que en lugar de amar,
como se aman los amantes,
hará con su cama las paces
y jugará con su lengua
en dos bocas
doscientas batallas campales
que yo presencio
como idiota,
y entonces merezco
estos versos de gilipollas
y descompongo el sueño en varias fuerzas 
porque con alguna de ellas
compenso este tormento
de palabras sordas
y miradas mudas.

Y después va ella y me mira,
para dejarme ciego.

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