XIV (Metáforas)

Puedo notar la piel de tus glúteos estremecerse ante mis dedos, inundarse a tus adentros y bañar al colchón. Se humedecen mis manos, se ahogan mis dedos, otra vez. Una parte de mi se va contigo, puedo experimentar tu éxtasis, oler tu pelo desprender un aroma fresco, otoñal, y sin embargo esbozas una sonrisa propia de la primavera, se abren las flores, tú me pides rosas, yo me niego. Desobediente juegas con tus manos desnudas sin miedo a cortarte con mis espinas, noto tus dedos palpando mi tallo, acariciando mis pétalos, rozas el néctar con la yema de algún apéndice, finalmente se marchita. La habitación se llena del polen que desprende tu boca. Yo quedo rendido descomponiendome.

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