XIII (Metáforas)

He llegado tarde querida. Desde aquella vez que perdí el bus no he conseguido lograr la puntualidad, siempre acabo entreteniéndome por el camino y perdiéndome en otras razones.
Quiero caerte tan bien, que no se si regalarte rosas o bombones y pierdo el tiempo en los escaparates, en lugar de entrar y aferrarme a lo que me dicte el momento. No, al final las flores secas y los chocolates caducados, y tarde, como siempre.
Y además, me confundí de tren, ya ves, como si no hubiesen mapas, me equivoqué de estaciones, una y otra vez. Estaba despistado, aferrado a la idea de llegar a ti, rápido y directo, que no vi venir el transbordo.
He llegado tarde, aun me quedan estaciones pero no llegaré a tiempo, te marcharás y me dejarás solo, sólo con mi mala poesía, mis vagos intentos y mis ganas, y mis sueños, que cada vez que me acuesto se hacen más grandes, tanto que no me cabes en la cama. Quizá deba dejar de dormir tanto, y vivir, aunque duela.
Que yo no quiero una luna de miel en Suecia, yo solo quiero llevarte de paseo por los andenes de medio mundo, hacerte irresistible y alcanzable, venderte como la mejor aunque no lo seas, y morir sabiendo que me equivoqué, pues te llegué tarde, tanto que puede que perezca antes de llegar a ti. Y entonces, entonces quien le dirá al mundo lo mucho que te deseo si no eres tú.

No hay comentarios:

Publicar un comentario