Solamente Solo

Yo,
que vivo en la pena,
que le dejo a la tristeza
hacer mis cuentas
y pagar las facturas
de cada poema
que nadie me ha leído.

Yo,
que sigo siendo el mismo.
El abismo, el abstemio,
el ateo, el retraído,
el robot, el arquitecto,
de versos, malos,
de besos, imaginados,
de amores, perdidos,
de sueños, fingidos.
Y tantas otras cosas que no digo
por miedo a que me perdáis la cabeza,
el respeto, o de vista.

Yo,
que le regalo todo al mundo
a cambio que juegue conmigo,
y no con otros conmigo.
Conmigo sólo,
que ser ría conmigo,
que aprenda conmigo,
que escriba conmigo,
conmigo sólo.

Yo,
que me inventé la envidia,
e hice racional los celos.
Que me perdí la vida
por escribir los cuentos,
y me enamoré de las pesadillas
porque siempre os dieron miedo.

Yo,
que vivo del dolor
que esta humanidad regala,
de sufrir,
con cada amor que se pierde en el camino
de silencio
que yo mismo elegí para caminar sin cuestas,
sin acostarme con nadie,
conmigo solo,
solo conmigo.

Yo,
habito en el verso
de todas las bocas
que no han chocado
con mis labios.
De cada bocado
a cada verbo
que me toca
para hacerme daño
y recordarme que solo,
sólo conmigo,
conmigo solo,
habría acabado la poesía
y mi necesidad de buscar
cómo se escriben las palabras
que escribo de corazón
y no de memoria.

Yo,
que reivindico,
que grito,
en silencio,
¡que mudo!,
peleo.
Por una tilde,
por una vida,
por un amor,
por una niña,
por seis colores,
por las heridas
y los errores,
por el progreso,
por todo
lo que quepa en un poema.

Yo,
que nunca fui juez,
sólo uno mismo,
solo yo mismo,
sin nada más,
sin nadie más,
que ciertos de poetas,
cientos versos
y unas ganas imparables
de rimarle a la zociedad
con todas la maneras 
-con las- que me asesina
esta antología suicida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario