VIII (Metáforas)

Vuelvo a dejarla para quien la busque, para quien no la encuentre y para quien le apetezca gozarla.
Me han roto tantos versos que ya no se como se besa.
  Y ¿Qué hago?
   Pues sumo todas las palabras que no me rima con lo que no me arrima. Y me da negativo.
  Y acabo debiéndote saliva.

Como a todas.

Podría decir tantas las cosas que callo, que cayeron a mis espaldas para hacerme imposible la subida de este abismo, que yo mismo, diseñé para enterraros.

Y que mi boca sea el riego de vuestras flores secas, de nuestros capullos desarmados, de vuestras tetas muertas que como plomo van bailando a descompás hasta el suelo. De pezones, que mastico con los labios.
En sueños. Entre sabanas, sin reyes ni leonas. En cueros, sin vacas. En vela, como cada noche.

Vuelvo a resentirme, que por sentirme no me siento ya ni los poemas, que no corre por mis venas ya más sangre, la perdí, y al mismo tiempo a la poesía.

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