VI (Metáforas)

Hoy he vuelto a soñar contigo, ya es la tercera vez que mi subconsciente me traiciona de tal manera.
Al menos he podido dormir pronto. Ha sido la hora y media más cruel del mundo.
Me he tirado todo el tiempo buscándote, hablando contigo por teléfono y no podía encontrarte, tus indicaciones no me llevaban a ti, estabas jugando conmigo, como siempre,  hasta que al fin te descubriste, pero no pude abrazarte, porque justo cuando iba a hacerlo, me desperté. Es que tengo el sueño ligero y ha habido un ruido en la calle.
Ha sido tan duro perderte de nuevo que ya no he podido recoger el sueño, y me he pasado el resto de las horas planeando salir a buscarte, pero antes, tenia que encontrarme a mi mismo. Y eso he intentado.
 
Pensaba en largarme de casa, no muy lejos, pero lo suficiente para que alguien me echase de menos, o se alegrase de perderme de vista. Coger todos mis ahorros y perderme, apagar el móvil para que nadie pueda localizarme, y vivir, como dijo John Rambo, "día a día". Alimentándome únicamente de bocadillos de pavo y queso, alternar noches en la calle con noches en un mugriento motel.
 
Y después, dos opciones.
 
Convertirme en aquel trovador, mendigo de sus canticos para pagarme un día más, mercenario de mis palabras y victima de mis versos, ladrón de corazones y estafador de besos, a punta de fina prosa huyendo de mi mala fama. Y utilizar mi experiencia, para dormir en una cama caliente.
Hay un rincón de Madrid perfecto para este plan, perfecto, para buscarme a fondo.
 
O tal vez me haga pirata, un Jack Sparrow del asfalto, navegante de calles llenas de soledad, camuflado, disfrazado, enmascarado, armado con una replica violenta de lo que muchos temen, huyendo de una vida que no tiene valor, ni sentido, de un camino que me lleva a todas partes y a ninguna, porque todas están vacías y no tengo valor para llenarlas. Ni te tengo a ti, que las llenabas todas.
 
Y así es como pretendo huir, a jugar con otras vidas, como las vuestras juegan conmigo, a expandir mi mente y relajar mis músculos, y abrir mi vida para quien la quiera, bueno, mi vida, me pregunto si tengo de eso, se que respiro, que sueño, que crezco... pero no me siento vivo.
 
Asique si me pierdo no me echareis en falta, salvo cuando necesitéis contar un secreto, pedir un consejo, un favor, o burlaros de alguien, entonces sí. 
 
Pronto os daréis cuenta de quien soy. Pronto, cuando os sea tarde.

Y os pido entonces que llenéis de rosas blancas el lugar de mi suicidio, y que las lloréis para que no se pudran.
Y sintáis así lo duro que es vivir con una mente marchita y un corazón sin podar. Y todo lleno de espinas.  

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