Quisiera.

Quisiera hablar de tu boca
pero me acobarda el tiempo
en que me faltas.
Me atraganta el recuerdo
de haberte tenido en mi cama
y no haber tentado al colchón
en el preludio de tus pieles.
Quisiera comerte la mirada
con los dientes
y la carne
con las palabras,
o con el pene.
Quisiera embestir a tus labios
y que me mientan tus dedos
una vez más,
pero escribiendo en mi cuerpo.
Quisiera viajar por tu cuello
al paraíso que escondes
bajo el ombligo,
tan dentro de ti
que me tenga que guiar por tus gemidos,
tan fuerte,
que para salir
me acompañen tus fluidos vaginales
en el camino de vuelta.
Quisiera que tus manos se cosiesen a mi espalda
y mis palmas a tus muslos,
pero tan arriba que cuando saltes
te ancles a mi
y encajemos de una vez por todas.
Y desencajarnos, y encajarnos,
y volver a unirnos, y separarnos,
y repetirlo tantas veces
hasta que tus olas lleguen a tocar mis pies.

Quisiera colgarme en las lianas de tu pelo,
disolverme con el carmín de tu boca,
con el rímel de tus pestañas,
fundirme con la bola de tus piercings,
y astillarme en el palo de tus pendientes.
Quisiera ser la cera de tus oídos,
las lagrimas de tus ojos
y la saliva de tu boca.
Quisiera ser tus pupilas,
tu nariz, o tal vez tus labios,...
Quisiera ser tus abrazos,
tus besos, tus caricias, tus polvos,
tus orgasmos, tus flaquezas, tus fuerzas
y tus destrezas.
O el receptor preferido.
Y no ser tu desastre, ni tu pereza,
ni tu desgana, ni tu miseria.

Quisiera ser tu amante,
tu pareja,
tu amigo,
con derecho a comer,
y no tan solo de ver,
oír, y gritarme en silencio,
como otros te disfrutan.
Como otros te gozan,
te calman, te llaman,
te apagan y te encienden,
te vibran, te desgastan,
te atragantan y desembragan.

Quisiera vivirte eso es todo.
Quisiera hacerte el amor
sin escribir poesía.

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