V (Metáforas)

Iba andando por la Luna, haciendo rodar algo que no sea mi vida lejos de ti.
Me he dado cuenta, tropezando con cada cráter, con cada uno de tus lunares, que he vuelto a dormir, que has vuelto para jamás marcharte.
Y recuerdo que dejé la poesía al otro lado de tu sonrisa, pero ahora que estas triste me vas a permitir el atrevimiento de susurrarte unos besos.

Buscaba unos labios que no fueran los tuyos
y pensaba que el cielo era tu boca,
bajé al infierno para no notar tu ausencia
y descubrí,
nada -exacto-.

Tú lo eres todo.

Así que me acerqué a tus labios y los hice míos, desabroché todos los cordones de tu corsé, y deshile todas las costuras de tu vestido, porque las posturas que pensaba usar para tomarte, no sé hacerlas sin rozar tu piel.
¿Y ahora qué? decías pícara, atada a tu lujuria controlada, contenida, sostenida en esta almohada a la que tantas noches he abrazado buscándote entre las sábanas.
Pues el tercero. Y el cuarto, tan desordenado, tan alborotado como tus cabellos, tan pequeño, pero no hablemos de mi. Como tus pechos.
Rebanada de pan para el hambriento, y en tu boca un manantial para quien muere de sed.
¿Otra vez? Siempre descoordinados.
Y es que yo soy migajas y tú...
Tú, sin darte cuenta, como siempre.



No hay comentarios:

Publicar un comentario