II (Metáforas)

Y acabo empapado por tus descaros, e hidratado hasta el próximo asalto.
Y de asfalto vuelves a dejar mi piel, tan caliente como las mismas aceras que nos cruzamos cuando nos viene en gana, cuando nos entran vanas, y muchas más cosas. Por nuestro amor, y por otros sitios.
Yo que te enseñé a vivir, a respirar, a descubrirte los lunares, a experimentar, me cierras la puerta del laboratorio y estas dispuesta a incendiarte, pero no con mi fuego, no con mis dedos. No conmigo.
Probeta sin niño, emoticono sin guiño, pene sin mano, lubricante sin ano. Mi ti, sin vida.

Y empiezas una caza sin cese, sin que te cueste, sin que me acueste, y me pese, la ausencia de tu boca en mis palabras, tus polvos sin cama, los míos sin ti. Esta tortura, de tu cordura, de mi locura, jugando a masturbarse masoquista de nuestra distancia.

Y tú, disparas, y sin balas, me dañas.
Y yo, disparo, mi descaro y me descartas.

Y así os mato a todos, que no sabéis ni leer, ni gozar.
Que esto no esta escrito en beso, porque no me los das.

Esta escrito con mis celos,
que tienen dedos,
en una vágina,
porque no tienen tu página.


Y  te  empiezo  el  bombardeo  (sin iva)

¿Dónde vas a correrte?  Si en tu colchón se quedan cortos mis versos, y en un folio, te queda grande el amor.
¿Dónde tendré que gozarte?  Para que convencerte, sea solo cuestión de un verbo.
¿Dónde tendré que vencerte?  Cuando tenerte me vienes lejos e irme tan emprosado.
¿Dónde tendré que versarte?  Si en nuestra lirica ya no quedan chupetones.
¿Cuándo tendré que buscarte?  Para que cuando me encuentres, nos encontronemos.
¿Cómo voy a empezarte?  Yo que me como los labios para terminar sangrando.
¿Qué iba a ofrecerte?  Si ya has gastado todo el sirope con ella en el desayuno.
¿Cuánto más?  Necesitas que me duela si a mis costras les he puesto ya tu nombre.
¿Por qué intentarte?  Si estas durmiendo y yo despierto no coincido con tus sueños.


Y entonces me pregunto por qué duermes...

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