Zapatos de tacón.

Y hoy lo tengo claro, me he bajado de este arco iris tan gay y me he puesto los zapatos de tacón para empezar a rozarlo desde abajo. He dejado las cifras para los que saben sumar y me he envuelto en pañales de palabras para no cagarme. He empezado a sentir que puedo volar sin inventar mis alas, tan solo con un par de versos. Y lo bonito de este prólogo no es que sea mío, más bien por eso es tan malo. Es que para tocar la portada de un libro con mi nombre, antes tengo que editar mi alma. Tengo que enamorarme para sentir el amor, y experimentar por primera vez el orgasmo, tengo que abandonar mis miedos y dejar de masturbarme, y dejar de mirarte para poder escribirte versos en la boca. Antes tengo que aprender a desfilar, no me vaya a tropezar con los tacones para acabar mamandosela al director de la editorial más cutre que me encuentre.

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