Transbordo híbrido.


Escritor de este desastre que llamáis amor, ensayista de placeres paganos y redactor de estas mis devociones.
Con más temblor en el cuerpo que en los inviernos dejo caer sobre estas nieves palabras cálidas.
La historia de un personaje confundido por su propia solciedad, mirando poros de pieles bastas, cuando lo más basto es el cuerpo casto que lo encierra en un metro con demasiadas paradas.
Buscando aquello que lo haga feliz, sin precio. Sin el mero contacto de un aliento, de un abrazo.
Amor sin ticket de compra, sin fechas, sin flechas, sin motivos, sin condones y sin gargantas donde ahogarse. 
Sin veintiochos de junio, sin el resto de los días. Sin complejos desnudos.
A trompicones con todos aquellos los pechos que repelen mi mirada, a preguntas, con quienes carecen de estos.
Entre sudores la peste de sentirme entre mujeres. Tan nervioso.
Y me hunden las ganas de robaros cada hueso con el miedo a que me dejéis en los mios.
Hardware limitado para unos requisitos tan elevados. Aislado de la red para ahorrar costes.
Mi cuerpo pide guerra sin armas pero con demasiadas balas. Acumulando objetivos.
Pieza de ajedrez, en el centro haciendo eses. Sin bando, a cualquiera. Híbrido de su experiencia.
Evitado los sistemas de medida, el redondeo, el truncado, dilatando la mente y algo más.
Padezco la enfermedad llamada libertad, mi temor es quedar preso de jueces con la soga atada al pene del que tiran.

Hasta el próximo transbordo.

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