Desorbitando.

La brisa fresca de un cálido verano ha venido a destaparte de los inviernos tristes.
La miras y tu radar se desorienta, la oyes y tus tímpanos tiemblan más de lo normal.
La besas y ya estas soñando, pues solo sientes el edulcorado tacto de sus labios en tus mejillas peludas.
Y uno de los procesadores de tu cerebro desea, tocar su piel, robar su boca, verte reflejado en su mirada, y acariciar su rasurado cabello. Y despertar, en una cama en la que no solo descansen las palabras.
Contar las silabas de las notas que toca en las cuerdas de tu desafinada guitarra, cuyos dedos deseas que acaricien tu piel de tan bella forma.
Y beber, de su saliva perdida en un vaso de agua, con aroma amargo, con la boca seca.
Observas cada una de las partes de su cuerpo esperando el momento de querer desgarrar cada tejido que os separa, esperando, pues no quedan mas lágrimas, que la cuerda amistad que tiñe tu mirada.
Se cruzan las palabras, se abren las mentes, se miden las plantas de los pies, y el oscuro resultado de un obturador desajustado.
Todos los procesos de tu mente se bloquean, su risa, sus ojos, su piel, su cuerpo, su pelo, su historia.
Sumergido en agua dulce, sin saber nadar contracorriente.
Ambos tan grandes, enormes, desorbitados.
¿Citas célebres? yo celebro la primera.
Tan frío, agitado, derretido. Encajando las flechas de cupido lejos de mi corazón.
¿Y para cuando otra locura? Quizas mañana, quizas nunca, no se, ella escribe este compás.
 Sigo y resto, las horas que no duermo y pienso en ella, con la cabeza apollada en la almohada sobre la que hace dias la tuvo. Es un amor tan tenaz que no temo que se rompa, si no que se me acumule y me desborde.

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