Claudicar a lo improbable.


Preciosa, en su niñez me encuentro
Perdido, me hallo, me detengo
Frente el azul cristalino de sus ojos
Ante la dulzura de su rostro.
Hermosa, y en su pelo oro
Cubre un tesoro, adoro.
Diosa, del olimpo al tercer suelo
Que me pisa el alma y mi consuelo
Su sonrisa, su carita y su pensar.
Cerrada la puerta, preso esquivo
De inexistencia mi dueña, sueña
Un amigo, un poeta, un beso, verso
Luego existe amor, ergo pierdo
Ganando todo lo que escribo.

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