Y una lenta despedida.

Dio un paso sin saber que iba a encontrarse, con ganas de acabar con todo, porque nada tuvo ganas de él.
Cansado de perder el tiempo en vano donde la vanidad lo mira y pisotea, harto de despertarse solo y acostarse en una cama fría.
Dió un paso y no había nada, ni una sola razón por la que mantenerse vivo, hasta después de un bello atardecer llega la gélida oscuridad.
Y en el lapso de tiempo en que otros ríen, él se tambalea.