XII

Allá donde la rabia acaba
puede empezar el temor
debe surgirme un amor
para encontrar palabras.
Ese que vi en ella
sus escritos, sus cabellos, sus miradas
ese que quise ver en su hermana
y que no debí decirlo.
La muerte esta presente hasta en mis versos
el amor lleva ausente mucho tiempo
qué decir si alimento mi locura
el amor como única cura.
Ayer lloré por mi alma perdida
por sentirme solo y sufrir
llevo tres años sin que nadie decida
amar a alguien que no hace más que escribir.
Traumas que acumulan penas,
valor que me falto para cortar mis venas
vi la muerte de un ser querido
y sobrevivo solo por contentar los míos.
Y son sonrisas falsas las que muestro
oculto las penas que siento cada momento
alimento unos segundos con bellos recuerdos
y el resto del tiempo me siento muerto.
Dolor intenso enquistado en el parpado derecho
amores que no llegan a mi ventrículo izquierdo
Y la muerte sólo llega a quien se le acaba la vida
y a mi que no me gusta me toca sufrirla.
Que injusta es la guadaña del que engaña
que difícil es el perdón para un necio
sueño la vida cuando estoy despierto
pues la realidad es la crueldad que me asesina.

Muchos pensareis en la melancolía, yo solo en el sufrimiento que me acompaña. Y es que mi mente que nunca olvida, lleva sufriendo desde su infancia. Los golpes deterioran las mentes creando traumas, y las perdidas maduran a velocidad aumentada. Yo empecé a nacer en un siglo donde el romanticismo del XIX mandaba, pero vi la luz en una época que no hace más que darme golpes por la espalda. 
Tragaros el dinero, mis esfuerzos y burlaos, que este triste y solitario abandonado ya dejo de ser molestia, pues en vida camina un muerto por la calle de la pena, mientras de risas y bromas pesadas se componen los ladrillos de la discordia por la que paseo arrodillado.


¿Quién bebe el duro trago del dolor?
que yo soy adicto a su sabor
¿Quién hará de mis labios ese vaso?
y acompaña a este poeta en su camino.